Cansado, destemplado, sudoroso y acalorado, así llegas a tu alojamiento, con las puertas abiertas, ventilado, amplio y sin problemas de ocupación. Es un lujo el poder disfrutar de vistas espectaculares en el frescor, siempre frescor de la tarde, al llegar a un paraje en el que sabes, que aunque estes lejos de casa, la cena, a base de sopa de sobre y algo más que picar, es la mejor comida del Mundo.
Te cambias de ropa, sin importarte el no dejarla doblada sobre la silla. Te cambias a la pata coja, haciendo malavarismos, apoyado en unas botas sudorosas, tal vez mojadas, posiblemente sucias, y te las vuelves a calzar.
Vacias la mochila, lo primero, te cuelgas el frontal, que te enseñará la noche y rebuscas en los bajos fondos ese saco, que tanto tiempo llevaba en el armario, esperando a exigenarse y respirar el frescor de la montaña.
Pronto cae la noche, apenas te da tiempo a darte un "lavado de gato" y cenar al calor del infiernillo o de una "chasca gitana", que más que calentarte, te ahuma.

Y cae la noche, aparece el "Lucero del Alba", la Luna, las primeras estrellas, y eso indica que la hora de bajar las persianas se aproxima. Te metes en el saco de un salto, con la ropa mínima y aprovechas para estirarte y calentar cada centimetro de su tela, y sentir, como el calor invade esa atmosfera que te abrigará durante la noche.
El cielo se llena de estrellas.
Sabes que no dormirás a pierna suelta, que te despertarás porque no quitaste la piedra que se te clava en las costillas, la cadera se clava porque te has salido del aislante. El gorro se te sale de la cabeza y notas el frescor polar en las orejas, sacas los brazos, lo vuelves a colocar y aprovechas para incorporarte y descubir tu maravillosa soledad en mitad de la nada, el todo, que es la montaña.
Todas las estrellas te saludan, no falta ninguna, juegas a recordar sus nombres, ese nombre que no recordabas desde la última vez que estuviste perdido en el monte. Todo gira. La Osa Mayor, cinco medidas y aparece la Estrella Polar, la Osa Menor, Draco partiendo el cielo. Boyero, el Triangulo de Verano (Cisne, Ágila y Lira), Casiopea, la Corona Boreal, Gemma brillando, Escorpio, Leo... y así, miles, miles de estrellas que solo se pueden disfrutar en un "Hotel de Mil Estrellas".

El cielo se llena de estrellas.
Sabes que no dormirás a pierna suelta, que te despertarás porque no quitaste la piedra que se te clava en las costillas, la cadera se clava porque te has salido del aislante. El gorro se te sale de la cabeza y notas el frescor polar en las orejas, sacas los brazos, lo vuelves a colocar y aprovechas para incorporarte y descubir tu maravillosa soledad en mitad de la nada, el todo, que es la montaña.
Todas las estrellas te saludan, no falta ninguna, juegas a recordar sus nombres, ese nombre que no recordabas desde la última vez que estuviste perdido en el monte. Todo gira. La Osa Mayor, cinco medidas y aparece la Estrella Polar, la Osa Menor, Draco partiendo el cielo. Boyero, el Triangulo de Verano (Cisne, Ágila y Lira), Casiopea, la Corona Boreal, Gemma brillando, Escorpio, Leo... y así, miles, miles de estrellas que solo se pueden disfrutar en un "Hotel de Mil Estrellas".

1 comentario:
Que buena entrada, que bien explicado, se ve que lo has disfrutado según lo escribias, yo por lo menos he sentido y recordado todo lo que ponías. Lo malo.... que ahora tengo mono de vivac!!! jeje
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